jueves, 26 de febrero de 2015

Diario

Mientras por mi parte me encontraba a 3 días de haber cumplido mis primeros 4 meses de vida Herzog, en algún otro lugar del mundo, escribía en su diario: 


Martes, 10/12
Las casas y las personas acá son muy distintas, pero todos los pueblos han conocido tiempos mejores. Cruzando unas vías me encontré con un viejo guardabarreras que está jubilado pero que viene cada día con una gamuza a la casita del guardabarrera, habitada ahora por su sucesor, y limpia el interior del sistema de control automático. Lo dejan hacer. Lentamente volvieron las nubes, pero los pájaros cantaban lindo. En Piney compré leche y mandarinas, descansé en medio del pueblo. Al mirar mejor me di cuenta de que estaba sentado en la marcación de un punto trigonométrico.
El trayecto es recto; cuando sube por las colinas, va derecho hacia las nubes. Grandes campos vacíos; los autos andan por la ruta como succionados. Poco después de Piney me controlaron unos policías asombrados, que no me creían una sola palabra y ya me querían llevar con ellos en el patrullero. El entendimiento llegó recién por medio de la ciudad de Munich. Dije Oktoberfest y uno de los policías había estado ahí alguna vez y se acordaba de la palabra Glockenspiel y de la palabra Marienplatz, las sabía decir en alemán. Después me dejaron en paz. Desde muy lejos, desde una colina, vi Troyes. Luego unas grullas me pasaron volando por arriba en perfecta formación. Volaban en contra del fuerte viento, apenas un poco más rápido que yo a pie. Eran veinticuatro, grandes, grises y de vez en cuando una emitía un chillido ronco. Cuando una ráfaga de viento se les metía en la formación, algunas planeaban, mientras otras, las que habían sido arrancadas del conjunto, luchaban por volver a su posición; era maravilloso cómo se ensamblaban. Como el arco iris, las grullas son una metáfora para el caminante. 
"Del caminar sobre hielo", Werner Herzog. 




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