domingo, 18 de julio de 2010

Charlas

Triana pasó por casa, charlamos y armó esta entrevista para una de las materias de su carrera actual: 

EL SUEÑO DE LA MINI BAUHAUS
Lucila Bodelón se define como artista gestora. En esta entrevista nos ofrece su  mirada sobre el arte
contemporáneo y sobre su propia historia como artista, la cual empezó 18 años atrás.


HISTORIA 

¿Cómo se dieron tus primeros acercamientos al arte y la fotografía?
Es una respuesta que voy encontrando a lo largo del tiempo y que se va modificando. Ahora pienso que fue azaroso, y me gusta partir desde ese azar. Hace 18 años un tipo en la calle nos sacó una foto a una amiga y a mí, y me dio mucha curiosidad. Me dijo que había un Fotoclub que casualmente  quedaba a 2 cuadras de donde vivía, y empecé ahí. 

Quizás hace unos años atrás le buscaba una razón un poco más seria, pero ahora no, me gusta que haya sido azaroso… No es que la vida me fue llevando, o que en mi familia eran todos artistas. Sí es verdad que mi padre sacaba millones de fotos y me enseñó a sacar desde muy chica, y esas fotos las recuerdo como las primeras que hice y de hecho aún las tengo. Pero no es eso lo que me marcó realmente, creo que me marcó más esa noche que me encontré con ese señor y que nos sacó unas fotos, mientras íbamos a un boliche. 

¿Encontrás un elemento común en todas tus obras, que hablen de lo mismo? ¿O son más bien eclécticas?
El eje en mis obras es el interés por la configuración del ser humano, cómo es que llegamos a ser lo que somos, no solo a partir de las experiencias y de lo que culturalmente recibimos, sino porque hay algo más que hace que de pronto seamos así, y no de otro modo. Y para mí eso es la intriga más grande. ¿Quién lo determina? ¿La sociedad?
 No. ¿Los padres? No. ¿Qué es? Está entre el ADN cultural, el genético, y eso que pone un poquito cada uno.
  Esa es mi gran pregunta y a partir de ahí investigo desde el retrato. La serie de paisajes son más una contemplación, entonces indago sobre mí, sobre mi pasado, los recuerdos, lo vivido. Pero creo que si tengo una pregunta, es esa: ¿Cómo nos hacemos lo que somos? Ahora estoy trabajando particularmente sobre eso.

 ¿En qué se basa tu nuevo proyecto?
El proyecto se llama Rizoma,  es un concepto filosófico que tiene que ver con un tipo de raíz, pero que no es raíz en realidad. El rizoma viene de la botánica, y es como el potus: crece en cualquier lado, no hay una raíz. Quizás todos nosotros, o los fenómenos, son rizomáticos. Entonces, algo nace acá que está influenciado por algo de allá, pero: ¿Dónde está la influencia? No la podés encontrar. No es que determinado evento hizo que yo sea artista, y es por eso que ahora me gusta pensar que fue el azar, una conjunción de un
montón de cosas que son difíciles de definir y que hacen que yo sea ésta y no otra. ¿Puede haber una situación en mi vida que me marcó? Sí, hoy puedo pensar que es una, pero en 10 años pensaré que es otra, y ese es justamente el rizoma. El concepto raíz ancla, el rizoma abre. 

Con respecto al proyecto, que son retratos, (y aunque si bien está el azar yo elijo como enfrentar ese azar), les pido a los retratados que elijan el lugar donde les gustaría
hacer las fotos, les hago unas preguntas y luego simbolizo esas respuestas a través de las fotografías y de unos objetos que estoy armando. Es la indagación sobre el otro, sobre nosotros mismos. Hay algo muy filosófico en mi no creencia en Dios, que me lleva a pensar que no hay una respuesta única.

¿Las cámaras fotográficas son sólo dispositivos o les adjudicás algún otro valor?
Las cámaras para mí son un fetiche. Me encanta tenerlas, comprarlas, que sean mías, ¿Que me dan? ¿Que pone la cámara en uno? Me gusta el diálogo que se genera. Por ejemplo, si tengo estas plumas, ¿Qué tipo de caligrafía puedo hacer? No voy a hacer la que yo quiera. La acuarela, ¿qué me da? Si le pido que me haga un pleno, le va a costar hacerlo, pero si le pido que sea libre con el agua, va a ser mucho mejor. Esa investigación me parece más rica y fluye mejor. Partir desde la forma y llegar al concepto. Me cambió bastante saber que puedo jugar con las cámaras y reconocer que puede salir algo muy lindo.

PROYECTOS AJENOS
¿Qué fue lo que te llevó a dedicarte a la docencia?
El azar (risas). Mi amiga Verónica (y socia del sello editorial Un Amor Cayó Del Cielo) me dijo: “Tengo un amigo que quiere aprender fotografía ¿Te animas a enseñarle?” Dije que sí, empecé a dar clases y me di cuenta que me gustaba. La docencia tiene que ver más con mi yo artista que con un ser docente, que enseña. Pensando en mis docentes, como Marta Zátonyi, siento una falta de respeto decir que soy docente. Siempre trato de generar proyectos con los alumnos, formar currículums, hacer producciones…Va más por ese lado.

¿Que esperás de tus alumnos?
Entrega total, y que disfruten, que hablen, piensen, traigan fotos, ideas.

A veces es difícil mantener la constancia…
Mantener el entusiasmo es un trabajo, es un mecanismo que hay que generar.
 Se suelen esperar resultados a corto plazo y no se disfruta tanto del proceso.
Mi sueño sería crear mi propia mini Bauhaus, pero es difícil encontrar gente que tenga tanta pila y entrega porque faltan utopías.
Me encantaría encontrar a gente talentosa y con la suficiente energía.
En algunos momentos creo que lo he logrado, con algunos grupos, pero voy por más.

EL ARTE, HOY
¿Cuál es tu visión de los artistas contemporáneos argentinos?
Mi generación siente cierta decepción por parte de las grandes galerías,
y deciden gestar sus propios proyectos, muchos de los cuales después terminan en
un lugar importante, como por ejemplo la galería Jardín Oculto. Me parece que hay
una movida independiente hermosísima, un trabajo colectivo de compartir talleres, espacios y muestras, donde todos se benefician. Hay mucho laburo hecho, el artista es súper laburante. Aprendí a descubrir qué aristas o qué movidas me gustan. Los jóvenes artistas pueden parecer frívolos y despreocupados, pero eso es un personaje, en el fondo hay mucha seriedad y trabajo. El arte contemporáneo es sumamente personal, no está dedicado a la política ni al señor feudal, sí a uno mismo.

¿Cómo surge la idea de Un Amor Cayó del Cielo?
Somos un sello editor independiente, una galería de arte itinerante,
 y un programa de guía y representación para artistas. La idea de la representación
la pensamos como era antes, cuando el galerista te preguntaba, te ayudaba y te guiaba
como para que a tu obra la puedas terminar, la puedas vender y estar conforme con los
resultados. Con respecto al sello editor, es muy costoso y es lo que nos impide hacer
libros más seguido; el año pasado editamos La Cámara en la Cartera, de mujeres fotógrafas, y la idea es continuar buscando fotógrafas porque la relación entre las mujer y la fotografía me súper interesa. Es una relación que se dio casi naturalmente desde los comienzos de la fotografía y siempre hubo muchas fotógrafas famosas, tantas como hombres…La diferencias de género que puede haber en otros ámbitos, en la fotografía no se dio. Hoy le doy más importancia a editar un libro de fotografías quea hacer una muestra porque el libro perdura y te puede acompañar a distintos lugares, y es una muy buena carta de presentación. Nuestro perfil no es publicar a artistas consagrados, vamos a darle lugar a aquellos que no están insertos en el mercado para justamente insertarlos, que es algo maravilloso, porque el libro publicado te ubica en un lugar donde empiezan a pasar un montón de cosas. Me gusta que eso suceda a partir de un libro editado  por mí. 


Triana Lopez Baasch asistió a mis talleres dos o tres años, es fotógrafa y directora de arte, estudio la carrera de cine y actualmente cursa crítica de arte en el IUNA. 
http://www.trianalopezb.com/

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