viernes, 10 de julio de 2009

Haikus


(Muestra fotográfica / galería Alejandra Perotti, Agosto 2009)

¿Puede la modestia formal del haiku confrontar los límites rondando lo infinito? ¿Se lo propone, acaso?
Si así fuera, lo hace a la manera de un señuelo. Sólo está ahí, acunado en la marea de una vastedad que no ignora, pero tampoco ansía. Y algo, un algo breve de lo que allí habita, por un momento se aproxima al señuelo, lo roza, y provoca una tenue vibración, casi imperceptible, que llega hasta aquí y nos atraviesa. Nada es retenido en este proceso. La vivencia transcurre y es presente.
Eso, y tres versos que cuentan 17 sílabas en total, podrían parecerse a un haiku.
Ahora… ¿puede la fotografía compartir la evocación de esta forma poética japonesa? ¿Por qué no intentarlo?
Estas imágenes, estados de la fijación de momentos en tránsito, formas de la vivencia contemplativa… también pretenden esa evocación.
¿Quién quiere definir un haiku, o estas fotografías? ¿No es dichoso aceptar su impregnación, acaso? ¿Ser atravesados por su brevedad suspendida mientras las contemplamos?
Escapan, y mientras lo hacen, provocan la confusión de permanecer.
Roxana Troisi

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